Una semana después de los terremotos que afectaron el norte de Venezuela, la crisis sanitaria continúa agravándose, especialmente en el estado de La Guaira, donde los hospitales operan al límite de su capacidad y enfrentan una creciente presión por la atención de miles de víctimas. Una evaluación de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) determinó que los ocho centros de salud inspeccionados en La Guaira, Caracas y Miranda requieren apoyo externo inmediato, mientras que tres de ellos presentan daños estructurales.
De acuerdo con las autoridades, el saldo del desastre asciende a 2.295 personas fallecidas, 11.267 heridas y 12.841 desplazadas o severamente afectadas por la destrucción de viviendas y otros daños ocasionados por los sismos.

El hospital Vargas-IVSS, en La Guaira, concentra la situación más crítica. El centro atiende a 96 pacientes en un espacio diseñado para solo ocho camas, enfrenta el colapso de su morgue, mantiene un banco de sangre con reservas mínimas y tiene fuera de servicio los ventiladores de la unidad de trauma por problemas de suministro eléctrico. Además, la falta de comunicaciones, el abastecimiento limitado de agua y la acumulación de residuos médicos dificultan aún más su funcionamiento, por lo que la OPS lo considera la instalación de mayor prioridad.
La emergencia también afecta al hospital Rafael Medina Jiménez, cuya capacidad se redujo de 108 a 35 camas. Las evaluaciones identificaron además dificultades para trasladar pacientes, escasez de insumos médicos, aumento en las listas de espera para cirugías y deficiencias en las medidas de bioseguridad.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que la respuesta se desarrolla en condiciones especialmente complejas, ya que muchos de los trabajadores de salud también fueron afectados por el desastre. Incluso, varios permanecen desaparecidos, entre ellos la responsable de coordinar la atención materna en La Guaira, lo que complica la prestación de servicios obstétricos. El organismo recordó además que el sistema sanitario venezolano ya enfrentaba una grave escasez de medicamentos esenciales y la pérdida de personal médico debido a años de crisis e insuficiente inversión.
Frente a la emergencia, la OPS ha enviado más de seis toneladas de medicamentos, equipos médicos y suministros para trauma, además de bolsas para cadáveres, mientras apoya la instalación de un centro para coordinar el traslado de pacientes. También ya funciona un hospital de campaña con 48 camas, unidades de cuidados intensivos y quirófanos móviles. La OMS destinó 1,5 millones de dólares de su fondo de emergencia y prepara un nuevo envío de 28 toneladas de ayuda médica, al tiempo que ambas organizaciones solicitaron cerca de 24 millones de dólares para sostener la respuesta sanitaria durante los próximos seis meses.
A la crisis hospitalaria se suma el riesgo de brotes de enfermedades en refugios y campamentos temporales, donde el hacinamiento y las deficiencias en agua, saneamiento e higiene aumentan la posibilidad de infecciones respiratorias, enfermedades diarreicas, afecciones cutáneas y otros padecimientos, en un contexto marcado además por el brote regional de sarampión.
La emergencia también se extiende a otros estados del país que reciben a personas desplazadas. La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios coordina acciones de asistencia en varias entidades, con apoyo para alojamiento, reunificación familiar, documentación y atención integral. En La Guaira, distintos espacios públicos fueron habilitados como centros de atención para brindar servicios de salud, alimentación, protección y saneamiento, mientras ACNUR busca financiamiento para asistir a unas 30.000 personas afectadas durante los próximos seis meses.
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